"No es suficiente saber, también hay que aplicar. No es suficiente querer,también hay que hacer" - Goethe

lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Cuánto vale tu tiempo?


El tiempo para mí siempre ha sido “mercancía escasa”, lo que apreciaba y por eso desde tener uso de razón consideraba como mala educación y falta de respeto llegar tarde a una cita o hacer perder el tiempo a otra persona con charlas interminables, distracciones o de cualquier otra manera. El tiempo es totalmente relativo y me encanta sentir que vuela, porque esto significa que estoy haciendo algo que me gusta realmente y me permite sentir la sensación de “flow”, donde no hay tiempo, sólo concentración y profundización extraordinaria, sea en el trabajo o en mi vida privada. Por eso me cuesta terminar mis clases de equitación a tiempo y por eso a veces pueden parecer sólo minutos las horas de duración de una buena película. Las personas de éxito parecen estar siempre ocupadas, saben perfectamente, que “su tiempo es oro”, y por eso ellos piensan a menudo acerca del tiempo y lo miden de forma diferente.

Una manera posible de medir el tiempo, es medirlo en dinero. El tiempo es dinero, decimos a menudo y es cierto, que el capital tiempo es nuestro mayor valor, en el sentido en que no se puede pedirlo prestado, ni atesorarlo, sólo es posible emplearlo bien, lo que jugará un papel importante en el éxito o fracaso de nuestra vida.

No organizar, muchas veces es desperdiciar inútilmente el tiempo. Usamos la frase “No tuve tiempo” más de la cuenta para justificar fracasos, mientras no se trata de no tener, sino organizarlo y distribuirlo mal.

Por eso, en lugar de agonizar ante la falta del tiempo, mejor organizar el tiempo disponible.

La clave es realizar un plan:

  1. Definir mi meta
  2. Visualizar exactamente lo que quiero alcanzar (sin términos vagos)
  3. Especificar mi deseo y añadir la cantidad del tiempo que tendré que emplear para alcanzarlo
  4. Preparar una serie de plazos, para realizar cada paso por separado de mi plan. Cuántas más pequeñas sean las unidades en las que se subdividirá mi plan, más fácil será cumplirlo.

Es importante ajustar los plazos estrictamente y sólo hacer una cosa a la vez, para llegar a la excelencia en mi trabajo.

Un calendario diario puede ayudar bastante en planear las actividades de cada día. Con escribirlo todo, y después olvidarlo hasta que llegue la hora de hacerlo se ahorra las preocupaciones por ellos, antes de realizarlos.

¿Cuánto vale mi tiempo?

Mi ingreso activo dividido por las horas que dedico a ello= el valor de una hora de mi trabajo.

Para aprovechar bien el tiempo –y así ahorrar dinero- comparto con vosotros algunos consejos muy útiles de seguir:

  • Evitar ejecutar tareas rutinarias que pueden ser realizadas por otra persona, cuyo tiempo sea menos valioso. La incapacidad de delegar trabajo, nos puede hacer tropezar.
  • Otra manera eficaz de aprovechar el tiempo es tratar de evitar la rutina. Siempre es aconsejable comprobar, si un procedimiento puede ser llevado a cabo de otra manera, dando el mismo o mejor resultado que antes y en menos tiempo.
  • Es importante considerar cada día, qué cosas son realmente esenciales, y colocar las cosas más importantes primero.

 

Yo pienso, que el tiempo es nuestro y tenemos derecho a decidir hasta qué punto lo aprovechamos. Lo que puede ser una pérdida de tiempo para otro, para mi puede significar algo valioso, por lo tanto, gastar mi tiempo en él, no me va a parecer una perdida, sino un rato bien aprovechado. El concepto que tenemos del tiempo es ahora, el presente. El hecho de pensar mucho en el pasado y revivir experiencias que no se pueden cambiar o repetir, me parece totalmente inútil o sea una pérdida del tiempo.


Según mi opinión, en su tiempo personal y en su tiempo libre en cambio, uno tiene que ser más flexible, permitirse el lujo de disfrutar sin mirar el reloj y hasta caminando a una cita, parar un momento para acariciar un perro abandonado o detenerse para admirar la belleza de una flor creciendo al lado de sus pies. Además, las relaciones humanas para mi tienen prioridad en cualquier circunstancia. Y no estoy hablando de las quejas, chismorreos o distracciones, sino de la atención, que merece cada persona incluso en el trabajo y no sólo como trabajador, sino como ser humano.


Disfruta de este mismo momento, saboréalo, vívelo con intensidad y cuando termine,  déjalo pasar para poder aprovechar el siguiente al máximo.

 




 

 

lunes, 23 de septiembre de 2013

¿Los famosos tienen coach?




Nelson Mandela tiene coach. André Agassi y Donald Trump tienen coach. Madonna, Oprah Winfrey, Hiilary Clinton y Rafael Nadal. Donna Karan, Julia Roberts y Kofi Annan…

¿Por qué?

¿Por qué una persona de muchísimo éxito decide contratar un coach, además no sólo ocasionalmente, sino de forma continua? ¿Qué puede aportarles un coach a esas personas, qué les puede decir que ellos no sepan después de tantos años de experiencia profesional y teniendo una vida mucho más intensa de lo habitual?   

¿O sea que son quienes son y saben conservar y/o mejorar su posición profesional porque fueron capaces de reconocer en tiempo la necesidad de la mejora continua y del auto superación constante en su trabajo? ¿O tal vez, porque ser famoso y tener talento no es garantía para la felicidad? Tú y yo, nos parecemos mucho más a esas personas conocidas mencionadas arriba de lo que crees. La diversidad humana no permite que existan dos personas iguales en este planeta, sin embargo, a pesar de las diferencias de nuestra personalidad y físico, de nuestra vida personal y profesional, desde el punto de vista del coach, la semejanza es evidente e innegable.
 
 
 

Porque en el fondo, todos tenemos una parte divina, la que independientemente de nuestra raza, color, religión o estado social alimenta en nuestro interior un deseo inconsciente, pero increíblemente fuerte de ser escuchados sin que nos juzguen, de compartir nuestro ser sin miedo y sentir la unión con otra/s persona/s, que nos acepta/n y que podamos aceptar. Y el coaching brinda una oportunidad excelente para ello.

Para el coach, su coachee – sin importar su pasado - es alguien divino, extraordinario, la persona que posee todas las aptitudes necesarias para convertirse en su propio ídolo y vivir la vida deseada y elegida por él. En pocas palabras para el coach su coachee es la posibilidad encarnada.

 

El coach sabe callar su egoísmo instintivo al menos durante el tiempo que dure la sesión, con el fin de poner su coachee en primer plano, al centro de su atención y ver una versión más avanzada de él, no como es ahora, sino como podría ser en breve y servirle con el corazón abierto, con el único deseo válido para poder aportar algo a la vida de alguien; con el deseo sincero de DAR. El coach tiene que convertirse en un sirviente impecable para poder centrar su concentración en escuchar, aceptar, intuir y guiar.

 

Puede que seas una de esas personas, que siempre consigue lo que desea, pero ¿cómo sabes que la manera en la que lo haces es la más adecuada? ¿Cómo puedes estar seguro de que no se podría alcanzar tus metas más rápidamente? Tal vez seas capaz de lograr mucho más de lo que crees o de lo que ya tienes y ni siquiera te das cuenta de ello.

 

¿No sientes curiosidad de cómo sería tener el apoyo incondicional de alguien, que no te quiere sabotear, que no te envidia, no te ata las manos, que al contrario te da alas, apoyándote en reconocer y usar el potencial dormido que hay dentro de ti? Alguien que tiene las herramientas y la actitud correcta para iluminar tu camino hacia la mejor versión de ti mismo. Te sorprenderías de lo satisfactorio que es descubrir y reconocer tu propia validez para lograr no sólo de lo que te sientes capaz, sino lo que nunca creías alcanzable para ti o sea, cualquier cosa que te propongas.

Tu coach no es un mago, ni hace milagros, pero puede hacer, que el milagro ocurra en ti. ¡Permíteselo!

 


lunes, 16 de septiembre de 2013

Misteriosa inteligencia-Inteligencia Emocional 2

Sabemos que, situado sobre el sistema límbico, el neo córtex del Homo Sapiens, es mucho más grande que el de cualquier otra especie y le ha aportado todo aquello que es característicamente humano, o sea los sentimientos. 
Por eso, la habilidad que una persona adquiere en el terreno emocional, determinará de manera decisiva la vida de cada uno de nosotros. Marcará la diferencia entre individuos con nivel intelectual parecido, mientras que unos prosperan, otros acaban en una callejuela sin salida.


¿Qué haces cuando alguien te hace enfadar?
¿Cómo reaccionas frente la provocación de otra persona?
¿Te pones de vez en cuando en la piel de tu pareja antes de juzgarla?
¿Cómo reaccionas ante un comportamiento violento?
¿Si fracasas, sigues adelante o te derrumbas?
¿Si te diagnostican un cáncer o un ser querido tuyo enferma gravemente, te das por vencido o estás preparado para luchar?
¿Te lo tomas todo a pecho y dejas que los demás te hieran o no?
Todas las respuestas, que damos a estas preguntas, aunque sean diferentes y propias de cada uno, tienen que ver con la IE, ya que somos no sólo seres racionales, sino también seres emocionales.

El interés por las emociones ha existido a lo largo de toda la historia. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con otras materias que van desde las matemáticas hasta la literatura y que ya formaban parte de las enseñanzas desde siempre, la educación emocional ha sido la gran olvidada. Pero gracias a personas como Charles Darwin, Thorndike,  David Wechsler y a finales del siglo XX Daniel Goleman y gracias a nosotros, los coach que seguimos trabajándola y la damos importancia, la IE posiblemente se convertirá en un futuro próximo en parte esencial de los currículums escolares.
Y con eso llegamos a una pregunta importantísima:Puede educarse la inteligencia emocional?
No sólo puede educarse si no que debe educarse; debemos en el futuro invertir en educación emocional.
Sin embargo, aunque la IE es imprescindible, no todo el mundo tiene la misma capacidad innata para ser emocionalmente inteligente.
 
Nuestro nivel de IE depende de muchos factores: depende de nuestra propia historia, cultura y experiencias (que sean buenas o malas), hemos estado programados a sentir de una manera u otra. También depende de nuestra personalidad (si somos más activos o más pasivos, cómo enfocamos los problemas, qué temperamento tenemos, etc.) y de nuestro entorno actual (las personas que nos rodean y nos influencian, las personas con quienes elegimos estar, que pueden influir en nuestro futuro para bien o para mal).
Actualmente vivimos en un mundo donde cada día perdemos sensibilidad ante nuestro entorno y las personas que nos rodean. Simplemente porque nos cuesta demasiado hacer contacto con nuestros sentimientos.
De ahí la importancia de tener una educación emocional que nos permita hacernos conscientes de aquello que sentimos, es decir poder convertirnos en nuestros propios observadores para ir analizando descubriendo y por lo tanto controlando aquello que nos empuja a actuar, y tener cada vez mayor control en nuestras respuestas.
 
Mi sugerencia es lo siguiente:
Vive tus sentimientos, siéntelos,  pero -como dice Aristóteles- “…con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la manera correcta...” El día que lo consigas, celébralo, como el día en que te convertiste en un maestro de la Inteligencia Emocional.
 
Para ello, te dejo 6 ejercicios que te ayudaran a desarrollar tu IE:

1.      Lleva un registro
Lo que no se puede medir, no se puede mejorar.  Sentimos casi innumerables emociones al día y estas emociones influyen directamente en nuestras acciones. Apunta qué es lo que sientes y en qué momento y por qué, lleva un registro o un diario y descubrirás los patrones y la motivación emocional detrás de tus acciones.
2.      Exprésate
Una cosa es saber lo que sientes y otra cosa es saber expresarlo, sin embargo ambas son igualmente importantes. En este aspecto sólo se puede mejorar haciéndolo, así que exprésate, no te impongas. Recuerda que hay tantas perspectivas como personas en el mundo.
3.      No darle vueltas a lo que no te gusta
Fíjate en lo que centras tu atención. No te guardes lo malo, recuerda, exprésate. Haz todo lo posible para cambiar tu foco de atención.
4.      Vuélvete un maestro Zen al escuchar
La próxima vez que venga alguien a contarte un problema, haz un esfuerzo consciente de escucharle con toda tu atención. Escucha, observa, aprende…Algunas veces lo único que necesitan las personas para encontrar soluciones a sus problemas es expresarlos. Así que haz un esfuerzo consciente, te servirá.
5.      Préstale atención al lenguaje corporal
Presta atención tanto a tu propio lenguaje corporal, como al de los demás. Y procura que el tuyo sea coherente con el mensaje que estás expresando con palabras. Observa una película sin volumen. Trata de entender qué es lo que sucede y por qué. Eso sí, procura alquilar una buena película.:)
6.      El espejo emocional
Aprende a reflejar las emociones de los demás. Vibra al mismo nivel que los demás o procura hacerlo en un nivel ligeramente por encima. Esto desarrolla las conexiones con los demás.





lunes, 9 de septiembre de 2013

Misteriosa inteligencia-Inteligencia Emocional 1


Cuando pensamos y decimos inteligencia, nos referimos en general al coeficiente intelectual. Así nos educaron tanto en la familia como en la escuela, sugiriendo que la inteligencia es solamente el coeficiente intelectual. Aunque todos sabemos muy bien que en nuestra vida cotidiana no tiene nada que ver con los estudios, más bien con nuestras decisiones, nuestras relaciones, nuestra disposición, incluso nuestra forma de pensar,  y que solemos apoyarnos igualmente o incluso más en la mente emocional, que nos proporciona un conjunto de habilidades, que se conoce como inteligencia emocional.
Aunque parezca lógico, no voy a daros ninguna definición de la Inteligencia Emocional. No soy partidaria de las definiciones pre-fabricadas, porque tengo la sensación de que las definiciones de otras personas pueden reducir demasiado el contenido de un concepto. Además, usarlas nos impide ser creativos y crear nuestras propias definiciones y si tenemos en cuenta la diversidad humana, nunca llegan a reflejar exactamente las mismas ideas, que cada uno tiene en su mente. Por eso prefiero animaros a reflexionar y revestir de palabras vuestras propias impresiones.


Lo que yo he experimentado sobre la Inteligencia Emocional fue gracias al hecho de hacerme numerosas preguntas como por ejemplo:
¿Tengo la capacidad de reconocer mis propias emociones y de controlarlas; la capacidad de auto-motivarme hasta en las situaciones más “oscuras”; de reconocer las emociones de los demás y de controlar mis relaciones?
¿Persevero mi  empeño a pesar de las posibles frustraciones? ¿Controlo mis impulsos? ¿Soy capaz de regular mis propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con mis facultades racionales? ¿Suelo empatizar y confiar en los demás? Todas estas preguntas derivan prácticamente de estas tres palabras, las cuales son los tres pilares de la IE:
·         autoconocimiento
·         auto regulación
·         auto motivación

Tres palabras mágicas, tres cosas imprescindibles, si quieres desarrollarte como persona, si quieres ser más, algo mejor de lo que eres ahora.
Hoy en día, en el 2013, lamentablemente no todo el mundo conoce todavía el significado de la Inteligencia emocional. Son mucho menos todavía, los que se hacen la pregunta: ¿Por qué es importante la inteligencia emocional? y sólo una pequeña parte de la sociedad se considera inteligente emocionalmente al menos, de forma consciente.
En el año 2005 después de terminar mi formación en la facultad, estaba buscando trabajo y en mi primera entrevista me sorprendió, que el Director General (quien coordinaba la reunión) echó una breve mirada a mi currículum, me hizo un par de preguntas sobre aspectos técnicos y el resto de la hora que duró la entrevista se dedicó a explorar cómo manejaba mi ansiedad, cómo podía manejar las emociones de mi equipo de trabajo frente a nuevos desafíos, y otras cosas similares.
Y ahí me di cuenta por primera vez de la importancia de la IE fuera de mi vida privada.
Saber que una persona ha conseguido graduarse con unas notas excelentes equivale a saber que es muy buena en las pruebas de evaluación académicas, pero no nos dice nada sobre la forma en la que reaccionará delante de las dificultades que se le presenten en la vida.
En estos momentos de la entrevista empecé a ver claramente mi problema: yo estaba más que preparada para aplicar mis conocimientos adquiridos en la universidad, pero no estaba nada preparada para formar parte de un equipo de trabajo o tener personas a mi cargo, ya que la inteligencia académica no ofrece ninguna preparación para la multitud de dificultades u oportunidades a las que tendremos que enfrentarnos en el trabajo y fuera de él, en la vida.
Fue en ese momento que me hice por primera vez la pregunta:
Si el coeficiente de inteligencia no representa ninguna garantía de prosperidad, prestigio ni felicidad, entonces nuestras escuelas y nuestra cultura  ¿por qué continúa insistiendo en el desarrollo de las habilidades académica sin tener en cuenta la inteligencia emocional?

Continuará…


lunes, 2 de septiembre de 2013

Todo el mundo es digno de elogios


Todos tenemos algo que sabemos hacer muy bien, que aprendemos y aplicamos con facilidad. Algo que nos hace sentir orgullosos de nosotros mismos, algo en lo que creemos que tenemos talento. El problema es que muchos de nosotros, nos pasamos la vida buscando ese algo, tensos e impacientes, algunos casi desesperados, como si encontrarlo fuera la única oportunidad de demostrarnos a nosotros mismos y al mundo entero, que merecemos el reconocimiento, el feedback positivo. Además, deseamos tanto oír esas palabras de apreciación y notar esas miradas de estimación, que al perseguirlos, nos olvidamos completamente de nuestros numerosos puntos fuertes  y buenas acciones diarias, que tienen mérito también. Pero nosotros mismos los ignoramos o subestimamos demasiado y gracias a ello, nadie se da cuenta de que existen en absoluto o simplemente los ven como si fuera algo natural, que ni siquiera es digno de estar mencionado.



Ya te dije algunas veces: ¡apréciate, quiérete! Los otros te ven como tú te ves a ti mismo y se comportan contigo, como tú te comportas contigo mismo. Observa, descubre y cree todo lo bueno que hay en ti, no te limites a enfocarte en un sólo punto fuerte, si puedes estar orgulloso de muchos más. Está bien encontrar tu vocación, el porqué de estar aquí, pero tú eres mucho más que eso y para que puedas demostrártelo, te sugiero que anotes (es importante que las escribas) al menos 10 características y/o habilidades que consideras positivas en cada área de tu vida (relaciones, trabajo, salud, ocio, finanzas, etc.) Te aseguro que al terminar tu lista, te vas a ver de otra forma, crecerás en tus propios ojos y si conviertes en un hábito leer tu lista (que se puede ampliar en cualquier momento) cada mañana, antes de empezar tu día, no sólo te sentirás más animado, sino que obtendrás el aprecio externo también que tanto deseas y que todos necesitamos y merecemos. De repente la gente se fijará en tus palabras y acciones positivas, en el esfuerzo extra, que realizas en el trabajo o en la familia, en las cosas, que te gustan de tu físico, y el cambio interno se convierte en reconocimiento externo, lo que reforzará tu autoestima y generará más cambios positivos adicionales en tu interior.

Suena bien, pero aún falta una cosa: admitir que todo el mundo es digno de elogios, no sólo tú. Es un avance muy grande, poder reconocer tus recursos, sin embargo, es importantísimo que seas capaz de verlos en las otras personas también. Que no sean escasas tus abalanzas. Nunca sabes cuando unas palabras amables pueden alegrar el día de alguien, cuando le pueden dar la motivación para dar un paso más hacia su felicidad. Dar, empieza con poco.
Quien dice que no tiene nada que dar se equivoca, tiene mucho más de lo que cree; de hecho, tiene justo lo que el otro necesita. 

Da ánimo, reconocimiento, amabilidad, reparte amor entre las personas con las que estás y verás cómo descubrirás otro registro de la felicidad, algo que no conocías hasta ahora. Las cosas más valiosas son gratis, pero no porque no nadie pagaría por ellas, sino porque su valor es incalculable, simplemente no tienen precio.
No me crees, ¡inténtalo y experimenta por ti mismo el poder del elogio!




lunes, 26 de agosto de 2013

¿Por qué nos comportamos mal con la gente que más queremos?

" ¿No es un poco irónico? Ignoramos la persona quien nos adora, pero tenemos pasión por la que nos desestima; queremos a los que nos hieren y los tratamos mal a los que nos quieren."

Se puede discutir si es así o no, pero creo que si somos sinceros, podemos admitir que muchas veces castigamos a las personas más cercanas a nuestro corazón, dejándonos llevar por los sentimientos de ira, impotencia, envidia, etc., que en realidad no sentimos por ellos sino por otros o por nosotros mismos.
Esto ocurre tan a menudo y forma parte de la mayoría de nuestras relaciones “normales”, que ni se nos ocurre cuestionar este hábito o pensar, que deberíamos cambiar nuestro comportamiento.

Tengo una amiga, muy sabia e intuitiva, con carácter explosivo, quien me dijo lo siguiente: “Yo trato bien a mi familia, soy atenta a ellos, les digo muchas veces cuánto les quiero, procuro tratarles de tal manera, que se sientan especiales cada día en mi presencia.” Yo le pregunté, cómo consigue hacer esto, conociendo su personalidad irritable y ella me dio una respuesta muy interesante: “Si tengo que enfadarme o incluso odiar a alguien, liberando mis emociones, lo hago. A veces soy insoportable con la gente desconocida, sobre todo con los que probablemente no voy a ver nunca más en mi vida. Derramo mi ira sobre ellos, hasta que ya no quede nada negativo en mi interior y cuando llego a mi casa, libero todo el amor que hay en mi corazón. Los que no me conocen, puede que piensen, que soy una persona horrorosa, pero te aseguro, que para mi marido soy la mejor esposa y para mis hijos la mejor madre del mundo. Me da igual causar buena impresión a desconocidos, a mí sólo me interesa la opinión de mis seres queridos y no de la gente, que apenas conozco.”
Aunque no puedo identificarme totalmente con su modo de pensar, tengo que reconocer, que en parte lleva razón y la admiro, por poder controlarse y dar vía libre tanto a sus sentimientos negativos como a los positivos donde y cuando ella lo considera oportuno.
Al mismo tiempo, no lo veo justo, comportarse mal con desconocidos, sólo porque acabamos de conocerlos –a menudo sólo para unos minutos, horas o días- y juegan un papel menos importante en nuestra vida privada. ¿Cómo se consigue nuevos amigos con esta actitud? Pero también podría preguntar, ¿cómo conserva alguien a su marido, al amor y confianza de sus hijos, hermanos, padres y amigos tratándolos como “depósito” de todas sus emociones negativas que no puede manejar?
¿Cuál es la solución? ¿Cuál es el término medio?




Creo, que lo mejor que se puede hacer es en primer lugar parar un momento y tomar un respiro. Nuestra vida está demasiado acelerada para permitir percibir, observar y digerir todo lo que nos pasa y genera emociones y sentimientos diferentes en nosotros, los que determinan nuestras palabras y actos. ¿Has intentado ya alguna vez identificarlos, definir exactamente cuáles son? ¿Sueles reflexionar sobre ellos? ¿Por qué los sientes, en qué situación? ¿Has podido observar alguna vez de forma consciente a quién, cuándo, cómo y en qué grado y forma los expresas? En las primeras ocasiones es increíblemente difícil. Tener control sobre nuestra vida emocional es uno de los desafíos más complicados del ser humano. Pero es posible para todos nosotros, los que buscamos la mejoría y no la perfección.

Lo que yo busco, es desarrollar mi capacidad de amar. Si el amor reina en mi interior, lo siento por mí misma, por mis seres queridos, por los conocidos y por los desconocidos, ese amor no me permitirá expresar mis emociones, por muy fuertes que sean, con palabras que puedan dañar a alguien. Ese amor me obligará parar, antes de hablar o actuar y expresar absolutamente todo lo que siento, pero sin la menor intención de herir u ofender a cualquier persona. Se sincero; si tus palabras o actos, que son consecuencias directas de tus emociones y sentimientos a pesar de todo, a menudo hieren a la persona que dices que amas, ¿la quieres de verdad? ¿O es posible que no te ames a ti mismo lo suficiente?

lunes, 19 de agosto de 2013

El coaching funciona aunque no creas en el



Existen varios métodos y técnicas estupendos, sin embargo, los pruebas, y al final te das cuenta de que contigo no funcionan. Conoces a gente, que los aplica y mediante ellos alcanza resultados increíbles, ¿entonces tú por qué no?
Una de las razones (la cual descubrí en mi caso) puede ser, que la mayoría de estos métodos requieren fe absoluta por adelantado. Es decir, tienes que creer en tu propia capacidad, en tu éxito, antes de empezar a actuar para experimentarlo. Y la mayoría de nosotros tiene demasiados frenos internos como para poder hacer esto, nos falta valentía para arriesgarnos, estando solos e inseguros, de que nuestro intento salga bien. Estos obstáculos invisibles representan una brecha entre tus sueños y tu realidad. Si esa brecha es demasiado grande como para atravesarla con un salto, necesitas construir un puente para cruzar al otro lado. ¿Cómo se construye ese puente? ¿En cuánto tiempo? ¿Tendrás energía y decisión suficientes para terminarlo? Cuando lo hayas terminado ¿serás lo bastante valiente para cruzarlo? ¿Tendrás la voluntad para actuar?

¿Será que el coaching es algo diferente? ¿Qué pasa si lo empiezas lleno de dudas acerca de su eficacia? ¿Será que funciona siempre y con todo el mundo, tal vez sin esfuerzo?
Te aseguro que todos lo hemos empezado sintiéndonos inseguros y preguntándonos si de verdad iba a funcionar. Todos experimentamos que la fe, con el solo hecho de querer tenerla conscientemente, no es posible lograr. Y cuánto más desesperadamente la necesitas, y más te esfuerzas en tenerla, menos obtendrás de ella.



Justo por eso, la mayoría de nosotros necesita a alguien a su lado. Siendo coachee, te das cuenta, de que no estás solo, que los resultados del coaching no sólo dependen de tu fe anticipada, si fuera así, el coaching no se definiría como el método que te permite alcanzar objetivos mucho más allá de tus expectativas. La fe no es requisito del coaching, sino un beneficio, que te llevas como regalo. Mientras, tu coach es quien cree en ti y mediante su apoyo hace, que tu autoconfianza crezca al nivel necesario para lograr los resultados deseados. Él te apoya desde el principio en creer que es posible, que tú eres capaz y que te mereces lograr todo lo que te propongas y sólo pide una decisión a cambio. Y esta decisión consciente de abrir tu mente para el cambio y comprometerte para actuar en el proceso, te permitirá desarrollar todas las habilidades, obtener todas las herramientas que necesitas para experimentar el éxito y repetirlo en relación con todas tus metas. Con actuar me refiero a actuar incluso si en principio no crees, que dará resultado. Actuar si aparecen las dudas y actuar aun teniendo malas experiencias o fracasos detrás de ti. Así y sólo así obtendrás lo que deseas sintiendo la satisfacción de haber logrado todo por ti mismo, lo que te brinda la oportunidad de ser consciente de tu capacidad de crear. La cual significa un poder absoluto para enfrentarte a cualquier dificultad inesperada en tu vida y te lleva a la sensación de prosperidad. El coaching es más que aplicar técnicas, es un proceso de metamorfosis interno, -acompañado por el apoyo adecuado-, y en que si te conviertes en una bella mariposa o no, solamente depende de tu compromiso y valentía para vencerte a ti mismo una y otra vez.

Veamos la pregunta de nuevo: ¿Será que el coaching es algo diferente? Sin duda. Es un baile en pareja, donde tienes que dar el 100% de ti mismo, sin embargo donde está permitido equivocarte, fallar a veces, sin que te caigas. Tu pareja de baile te deja elegir la dirección, el estilo, el ritmo del movimiento, se entrega a tu voluntad, te acompaña, siendo tu apoyo, sin embargo te sostendrá cuando pierdas el equilibrio, te guiará, cuando te equivoques en los pasos hasta que aprendas a bailar con toda la seguridad del mundo primero en pareja y luego solo también, hasta que sepas corregirte a ti mismo, hasta que seas tu propio acompañante.  Entonces te soltará, dejará que sigas bailando en solitario, porque los dos sabéis, que estás preparado para hacerlo.
¿Necesitarás fe en tu éxito? Por supuesto, pero la fe (autoconfianza) la puedes obtener y/o aumentarla en el camino, como premio o resultado de tus actos y tu desarrollo personal.
¿El coach hará todo el “esfuerzo” para ti y tú obtendrás lo que quieras reflexionando sobre ti mismo en tu sillón? De ninguna manera. Todo lo que logres, se hace posible, porque tú das los pasos necesarios para conseguirlo. Recuerda, tu coach es tu pareja de baile, que se mueve contigo apoyando tus movimientos, pero ni debe ni puede mover tus miembros por ti.

Si quieres conocer tus límites, sientes curiosidad por saber hasta qué punto podrías mejorar tu propia vida (independientemente de sentirte contento o no con tu vida ahora mismo) te pregunto; “¿Por qué no lo pruebas y descubres por ti mismo si el coaching funciona?
Si tu respuesta es ir en busca del coach adecuado para ti, y ponerte en contacto con él/élla de forma inmediata, entonces lo creas en este momento o no, con el coaching lograrás mucho más de lo que imaginas.


¡Que tengas mucho éxito!